La pluma y la espada, o por qué se puede recelar del enfoque por competencias (y III)

Me ha hecho tomar la determinación de acabar esta serie de una vez el encontrarme esta mañana en Facebook con una viñeta que presentaba una situación en cierto modo ya tópica. En un aula una profesora se dirige a sus alumnos desde su mesa: «Hoy vamos a aprender a calcular la raíz cuadrada, es muy importante para su futuro»; a su vez una de sus estudiantes levanta la mano para enmendarle la plana: «Maestra, antes de eso nos podría enseñar cómo vivir en una civilización amenazada por el colapso de la naturaleza, de la economía, conflictos armados, el consumismo, fluoración en el agua». Ignoro, debo admitirlo, qué es la «fluoración» en el agua. Ya me lo explicará alguien, pero mientras tanto me limitaré a explicar yo por qué la viñeta resulta tendenciosa en varios sentidos. Sigue leyendo

La pluma y la espada, o por qué se puede recelar del enfoque por competencias (II)

Vuelvo sobre la «Z», pero esta vez no la del Zorro. Cuando aún vivía en Granada, recuerdo haber entrado en cierta ocasión a una pequeña tienda de comestibles a comprar una botella de Coca-Cola Zero. Sin darme cuenta acabé entablando una animada conversación con la tendera, una señora avispadísima que me explicó cómo su impresión era que la gran diferencia entre la Coca-Cola Zero y la Coca-Cola Light estribaba en realidad en el consumidor potencial al que iban dirigidas respectivamente: muchos hombres asociaban el consumo de la segunda a cierta publicidad principalmente ideada para mujeres (aunque, paradójicamente, sea un hombre la joya que consume el verdadero reclamo en este anuncio), por lo que la burbujera multinacional había decidido no dejar escapar ese nicho de ventas buscando un diseño capaz de integrar hasta a la más débil de las masculinidades, esto es, la tradicional. Sigue leyendo

La pluma y la espada, o por qué se puede recelar del enfoque por competencias (I)

Los que llevamos ya toda una vida disfrutando con las aventuras del más famoso arqueólogo de ficción que haya dado el cine, y creo que sin excepción, nos habremos reído todos con la brillante humorada de Indiana Jones y la última cruzada en la que el Dr. Henry Jones, un estirado profesor de literatura medieval, y padre de Indiana para más señas, pugna en la cabina de un tanque por quitarse de encima a un soldado nazi que lo estrangula al tiempo que intenta apuntarlo con una pistola. En el fragor de la pelea, el Dr. Jones se echa mano al bolsillo de la solapa y extrae su pluma, con la que se las arregla para disparar con tinta directamente a los ojos de su pegajoso contrincante, cegándolo y haciéndole perder la pistola. Ahí es donde viene la apostilla erudita de su viejo amigo y colega Marcus Brody, también cautivo de los nazis en ese momento: «¡Henry, la pluma!, ¿acaso no lo ves? ¡La pluma es más fuerte que la espada!». Es divertido, pero no creo que Brody tenga en el fondo razón, en tanto el Dr. Jones no se vale de la pluma precisamente para escribir, sino más bien a modo de espada, o de pistola con la que disparar a su enemigo, para ser más precisos. Sigue leyendo